La vida útil de los alimentos puede prolongarse gestionando conjuntamente la calidad de las materias primas, la formulación, la actividad de agua, el pH, la carga microbiológica, la estructura del envase y las condiciones de proceso y almacenamiento.
El método adecuado depende del producto. En los estudios de vida útil deben evaluarse conjuntamente el tratamiento térmico, el control de la actividad de agua, el uso de conservantes, la mejora de las propiedades de barrera del envase y la gestión de la cadena de frío.